Utopía Pirata

Faith Wilding pertenece a la School of the Art Institute de Chicago, EEUU. Traducción de Noemí Novell.

Contra la definición

La cuestión de cómo definir el ciberfeminismo yace en el centro de las posturas contemporáneas –a menudo contradictorias– de las mujeres que trabajan con las nuevas tecnologías y la política feminista. Por ejemplo, la postura de Sadie Plant sobre el ciberfeminismo se ha identificado como “una insurrección absolutamente post-humana; la revuelta de un sistema emergente que incluye a las mujeres y las computadoras, contra la visión del mundo y de la realidad material de un patriarcado que aún busca subyugarlas. Es una alianza de los bienes contra sus amos, una alianza de mujeres y máquinas” (???). Esta visión utópica de la revuelta y la fusión entre mujer y máquina es también evidente en el Manifiesto Ciberfeminista la Matriz VNS para el siglo XXI: “somos el virus del nuevo desorden mundial/rompemos lo simbólico desde dentro/saboteadoras del mainframe del gran padre/el clítoris es una línea directa a la matriz”1. Rosi Braidotti ofrece otra postura en este debate: […] el ciberfeminismo necesita fomentar una cultura de júbilo y afirmación. […] Hoy las mujeres deben emprender la danza en el ciberespacio, aunque sólo sea para asegurarse de que las palancas de mando de los vaqueros del ciberespacio no reproduzcan la falicidad unívoca bajo la máscara de la multiplicidad (???).

El boletín de prensa emitido en las discusiones ciberfeministas de Kassel declaraba que: “La Primera INTERNACIONAL CIBERFEMINISTA se escabulle por las trampas de la definición con diferentes actitudes hacia el arte, la cultura, la teoría, la política, la comunicación y la tecnología: el terreno de internet”. Extrañamente, lo que emergió de estas discusiones fue el intento de definir el ciberfeminismo por medio del rechazo, evidente no sólo en la intensidad de los argumentos, sino también en las 100 antítesis ahí ideadas; por ejemplo: “cyberfeminism is not a fashion statement / sajbrfeminizm nije usamljen / cyberfeminism is not ideology / cyberfeminismus ist keine theorie / el ciberfeminismo no es una frontera /…”2. Aun así, las razones expresadas por aquellas que rehusaron definir el ciberfeminismo –aunque se llamen ciberfeministas– indican una profunda ambivalencia en la relación de muchas mujeres conectadas, con lo que perciben como una historia, teoría y práctica feministas pasadas y monumentales. Merecen un examen más cercano tres manifestaciones principales de esta ambivalencia y su relevancia con respecto a las condiciones contemporáneas de las mujeres inmersas en la tecnología.

1. Repudio del feminismo de “la vieja escuela” (años setenta)

Según este argumento, el feminismo de “la vieja escuela” (años setenta) se caracteriza como monumental, a menudo restrictivo (políticamente correcto), induce a la culpa, es esencialista, anti-tecnología, anti-sexo y no es relevante para las condiciones de la mujer en las nuevas tecnologías (a juzgar por las discusiones de Kassel, esta concepción es común en Estados Unidos y Europa occidental). Irónicamente, en la práctica real, el ciberfeminismo ya ha adoptado muchas de las estrategias de los movimientos feministas de vanguardia, incluyendo el separatismo estratégico (listas, grupos de autoayuda, chats, redes, todo ello sólo para mujeres y entrenamiento tecnológico entre mujeres), teorías y análisis feministas culturales, sociales y de lenguaje, creación de nuevas imágenes de la mujer en la Red para contrarrestar los estereotipos sexistas desenfrenados (avatares feministas, cyborgs, fusión genérica), crítica feminista de la Red, esencialismo estratégico y similares. El repudio del feminismo histórico es problemático porque tira todo por la borda y se alinea incómodamente con los miedos populares, los estereotipos y los conceptos erróneos del feminismo. ¿Por qué tantas mujeres (y hombres) jóvenes en Estados Unidos (y Europa) saben tan poco incluso de las historias muy recientes de las mujeres, por no hablar de movimientos y filosofías feministas del pasado? Es tentador señalar a los sistemas e instituciones educativas que aún tratan las historias de la mujer y de lo étnico racial y a las poblaciones marginadas como subsidiarias de la “historia” regular, relegándolas a cursos o departamentos especializados. Pero los problemas van más allá. El trabajo político de construir un movimiento es una experiencia que debe ser reaprendida por cada generación, y necesita la ayuda de practicantes experimentadas. La lucha por mantener vivas hoy en día las prácticas e historias de resistencia es más dura en vista de una cultura de la comodidad que prospera a partir de la novedad, la velocidad, la obsolescencia, la evanescencia, la virtualidad, la simulación y las promesas utópicas de la tecnología. La cultura de la comodidad es siempre joven y hace parecer remoto y mítico incluso al pasado reciente. Mientras que las mujeres jóvenes apenas están ingresando en la economía tecnológica, muchas feministas mayores se sienten inseguras acerca de cómo conectarse con los asuntos de las mujeres que trabajan con las nuevas tecnologías y sobre cómo adaptar las estrategias feministas a las condiciones de la nueva cultura de la información. Entonces, el problema para el ciberfeminismo es cómo incorporar las lecciones de historia en una práctica feminista activista que sea adecuada para tratar los asuntos de las mujeres en una cultura tecnológica.

Con seguridad, el problema de perder el conocimiento histórico y la conexión activa con movimientos radicales del pasado no se limita al feminismo: es endémica a los movimientos de izquierda en general. Al abogar por la importancia de conocer la historia, no le estoy rindiendo un homenaje nostálgico a glorias pasadas. Si las ciberfeministas quieren evitar cometer los errores de feministas anteriores, deben comprender la historia de la lucha feminista. Y si han de expandir su influencia en la Red y negociar asuntos de diferencia a través de fronteras generacionales, económicas, educacionales, raciales, nacionales y de experiencia, deben buscar coaliciones y alianzas con diversos grupos de mujeres involucradas en el circuito integrado de las tecnologías globales. Al mismo tiempo, la familiaridad con los estudios poscoloniales y con las historias de la dominación imperialista y colonialista –y la resistencia a ella– son igualmente importantes para una práctica informada de la política ciberfeminista.

2. Cybergrrlismo3

A juzgar por una búsqueda rápida en la red, una de las rebeliones populares feministas practicadas en la actualidad por las mujeres en la Red es el cybergrrl_ism en todas sus variaciones: webgrrls, riot grrls, guerrilla grrls, bad grrls, etc. Como han señalado Rosi Braidotti (2004) y otras, el trabajo a menudo irónico, paródico, divertido, apasionado, enojado o agresivo de muchos de estos grupos recientes de grrls es una manifestación importante de nuevas representaciones feministas subjetivas y culturales en el ciberespacio. Actualmente hay una gran gama de articulaciones de prácticas feministas y protofeministas en estos grupos diversos, que van desde las listas de correo a las que “cualquier mujer se puede unir”, hasta grupos de ciencia ficción, ciberpunk y pornografía; proyectos antidiscriminación; exhibicionismo sexual; experimentación transgenérica; separatismo lésbico; autoyuda médica; autopromoción artística; servicios de empleo y citas amorosas; y pura y simple conversación. El cybergrrlismo parece generalmente suscribirse a una cierta cantidad de utopismo cibernético, una actitud de “todo lo que quieras ser y hacer en el ciberespacio está bien”. A pesar de las quejas contra los hombres en general, que impregnan algunas de las discusiones y sitios, la mayoría de cybergrrls no parecen estar interesadas en involucrarse en una crítica política de la postura de las mujeres en la Red y, en cambio, adoptan la actitud un tanto antiteórica que parece prevalecer en la actualidad; prefieren seguir adelante para expresar sus ideas directamente en su arte y sus prácticas interactivas.

Mientras que las cybergrrls se inspiran en ocasiones –consciente o inconscientemente– en los análisis feministas de las reproducciones de la mujer en los medios masivos de comunicación –y en las estrategias y trabajos de muchas artistas feministas–-, también a veces sin pensarlo se apropian de y recirculan imágenes sexistas y estereotipadas de mujeres de los medios populares –la puta pechugona, la cyborg hipersexuada y las mujeres de las publicidades de tupperware de los años cincuenta son las favoritas– sin ningún análisis ni recontextualización crítica. La creación de imágenes feministas más positivas y complejas que rompan los códigos “generados” prevalecientes en la Red (y en los medios populares) necesita muchas cabezas inteligentes y hay investigaciones feministas muy sugerentes, que van de lxs cyborgs monstruosos de Haraway, la performatividad fluida de género de Judith Butler, a los géneros recombinantes de Octavia Butler. Todos los tipos de seres híbridos pueden desestabilizar los antiguos binomios masculino/femenino.

Las trayectorias de estilo cybergrrls son importantes como vectores de investigación, búsqueda, invención y afirmación. Pero no pueden reemplazar el trabajo duro que se necesita para identificar y cambiar las estructuras, contenidos y efectos “generados” de las nuevas tecnologías de la mujer a nivel mundial. Si es cierto, como argumenta Sadie Plant, que “las mujeres no sólo han tenido un papel menor que representar en el surgimiento de las máquinas digitales… las mujeres han sido las simuladoras, emsambladoras y programadoras de las máquinas digitales” (???) entonces, ¿por qué hay tan pocas mujeres en posiciones visibles de liderazgo en el mundo electrónico? ¿Por qué son las mujeres un porcentaje ínfimo de les programadores, diseñadores de software, analistas de sistemas y hackers, mientras que son la mayoría de trabajadoras de teletipos, ensambladoras e instaladoras de chips y teleoperadoras no calificadas que mantienen en operación los datos globales y los bancos de datos? ¿Por qué es aún la percepción popular que las mujeres son tecnofóbicas? Tristemente, la lección de Ada Lovelace es que aunque las mujeres han hecho contribuciones importantes a la invención de las computadoras y la programación informática, esto no ha cambiado la percepción –-o la realidad–- de la condición de las mujeres en las nuevas tecnologías. Ser niñas malas en internet no va a enfrentar por sí mismo al statu quo, aunque podría ofrecer momentos refrescantes de delirio iconoclasta. Pero si la energía y la inventiva de las chicas se aparejara con una práctica y una teoría política comprometidas… ¡imagínense!

¡Imaginen a las teóricas feministas haciendo equipo con descaradas y astutas ciberartistas para visualizar nuevas representaciones feministas de cuerpos, lenguajes y subjetividades en el ciberespacio! Actualmente hay poca colaboración (en Estados Unidos) entre teóricas académicas feministas, artistas feministas y cultura popular feminista en la Red. ¿Qué pasaría si estos grupos trabajaran juntos para visualizar e interpretar nuevas teorías y hacerlas circular en formas populares accesibles? Imaginen usar redes electrónicas existentes para vincular grupos diversos de usuarias de computadoras (incluyendo teletrabajadoras e introductoras de datos) en un intercambio de información sobre sus condiciones diarias de trabajo y sus vidas en la Red. Imaginen usar esta red de información como una acción base para tratar asuntos de trabajadoras digitales en la reestructuración global del trabajo. Tales proyectos podrían interconectar las aspiraciones tanto utópicas como políticas del ciberfeminismo.

3. Utopismo cibernético

Como ya hice notar en un ensayo anterior sobre la condición política del ciberfeminismo, hay mucho que decir para poder considerarlo una prometedora nueva ola de práctica feminista que pueda luchar por los territorios tecnológicamente complejos y trazar nuevos terrenos para las mujeres4. No obstante, hay una tendencia entre muchas ciberfeministas a albergar expectativas tecnoutópicas en donde los nuevos medios electrónicos ofrecerán a las mujeres un empezar de cero para crear nuevos lenguajes, programas, plataformas, imágenes, identidades fluidas y definiciones multisubjetivas en el ciberespacio; de que las mujeres en efecto pueden recodificar, rediseñar y reprogramar la tecnología de la información para ayudar a cambiar sus condiciones de existencia. Este utopismo cibernético declara que el ciberespacio es un espacio libre donde el género no importa –-puedes ser lo que quieras sin importar tu “verdadera” edad, sexo, etnia o posición económica–- y rechaza una postura de sujetes fijes. En otras palabras, el ciberespacio se considera como una arena inherentemente libre de las mismas viejas relaciones y luchas de género. Sin embargo, es muy importante reconocer que los nuevos medios existen dentro de un marco social ya establecido en sus prácticas e insertado en ambientes económicos, políticos y culturales que aún son profundamente sexistas y racistas. Contrariamente a los sueños de muchas utopistas cibernéticas, la Red no borra automáticamente las jerarquías por medio de los libres intercambios de información a través de fronteras. De igual modo, la Red no es una utopía de no-género; ya está socialmente inscrita con respecto a los cuerpos, el género, la edad, la economía, la clase social y la etnia. A pesar de las indisputablemente innovadoras contribuciones de las mujeres a la invención y el desarrollo de la tecnología computacional, la Internet actual es un territorio en disputa que se originó históricamente como un sistema al servicio de las tecnologías de guerra y que actualmente es parte de las instituciones machistas.

Cualquier posibilidad nueva imaginada dentro de la Red debe primero reconocer y tomar plena consideración de las implicaciones de sus formaciones fundacionales y condiciones políticas presentes. En efecto, es un acto radical insertar la palabra feminismo en el ciberespacio e intentar interrumpir el flujo de los códigos machistas al declarar abiertamente la intención de mestizar, hibridar, provocar y dislocar el orden masculino de las cosas en el entorno de la Red.

Históricamente, el feminismo siempre ha implicado disrupciones peligrosas, acciones abiertas y encubiertas y la guerra a las creencias, tradiciones y estructuras patriarcales ofreciendo visiones utópicas de un mundo sin roles de género. Un ciberfeminismo políticamente inteligente y afirmativo, que use la sabiduría aprendida de luchas pasadas, puede modelar una política descarada y disruptiva encaminada a la deconstrucción de las condiciones patriarcales que actualmente producen los códigos, lenguajes, imágenes y estructuras de la Red.

La definición como estrategia política

Vincular términos como “ciber” y “feminismo” crea una nueva formación crucial en la historia de los feminismos y los medios electrónicos. Cada parte del término necesariamente modifica el significado de la otra. El “feminismo” o, más propiamente, los “feminismos” han sido entendidos como un movimiento transnacional histórico –-y contemporáneo–- por la justicia y la libertad de las mujeres, que depende de la participación activista en grupos vinculados locales, nacionales e internacionales5. Se enfoca en las condiciones materiales, políticas, emocionales, sexuales y psíquicas que surgen de la construcción social diferenciada de la mujer y los roles de género. Al vincular esto con “ciber”, que significa dirigir, gobernar, controlar, conjuramos la posibilidad asombrosa del feminismo al timón de lo electrónico. Los ciberfeminismos podrían imaginar formas de vincular las prácticas históricas y filosóficas del feminismo a los proyectos y redes feministas contemporáneos, tanto dentro como fuera de la Red y a las vidas y experiencias materiales de las mujeres en el circuito integrado, tomando completamente en cuenta la edad, la etnia, la clase y las diferencias económicas. Si los feminismos han de adecuarse a su ciberpotencial, entonces debe mutar para ajustarse a las complejidades de las realidades sociales y condiciones de vida conforme cambian por el profundo impacto que las tecnologías de la comunicación y la tecnociencia tienen en nuestras vidas.

Mientras que rehusar la definición parece una táctica atractiva, no jerárquica y anti-identitaria, de hecho cae en las manos de aquellos que preferirían un quietismo cibernético: dale computadoras a unas cuantas mujeres afortunadas para que jueguen y se van a callar y dejarán de quejarse. Las ciberfeministas deben de ser extremadamente cautas y críticas hacia esta actitud. El acceso a internet es aun un privilegio y de ninguna manera se debe considerar un derecho universal (ni es necesariamente útil o deseable para toda la gente). Mientras que la brillante mercadotecnia ha convertido la posesión de un PC en algo tan imperativo como un teléfono, las computadoras de hecho son poderosas herramientas que pueden proporcionar a su poseedor una ventaja política (la computadora personal es la computadora política). Si internet es cada vez más el canal por el que mucha gente (en los países superdesarrollados) recibe la mayor parte de su información, entonces importa mucho cómo participan las mujeres en la programación, establecimiento de política y formaciones de contenido de la Red, pues la información que circula en ella necesita ser contextualizada tanto por el receptor como por el emisor. En Internet, el feminismo tiene una nueva audiencia transnacional que necesita ser educada en su historia y sus condiciones contemporáneas según los diferentes países. Para muches, el ciberfeminismo podría ser la entrada al discurso y el activismo feministas. A pesar de que hay una gran cantidad de información sobre el feminismo disponible en la Red –-y se están abriendo nuevos sitios todo el tiempo–-, hay que recordar que mientras más se pueda contextualizar políticamente esta información, y vincularla a las prácticas, el activismo y las condiciones de la vida cotidiana, es más probable que sirva para ayudar a conectar y movilizar a la gente6. Un ejemplo importante es el de la Red Zamir (“por la paz”) de correo electrónico y BBS, que fue creada después del inicio de la guerra civil en Yugoslavia en 1991 para reunir a les activistas por la paz de Croacia, Serbia, Eslovenia y Bosnia a través de las fronteras por medio de servidores en Alemania. La cuestión es que las computadoras son más que herramientas divertidas, juguetes de consumo o máquinas de placer personal… son las herramientas del amo y tienen muy diversos usos y significados para las diferentes poblaciones. Se necesitan capitanes hábiles para navegar estos canales.

Las ciberfeministas quieren evitar los nocivos errores de la exclusión, la lesbofobia, la corrección política y el racismo, que a veces formaron parte del pensamiento, el conocimiento y la experiencia feministas pasados y los análisis y estrategias feministas acumulados hasta ahora son cruciales para continuar con su trabajo. Si el objetivo es crear una política feminista en la Red y dar poder a las mujeres, las ciberfeministas deben reinterpretar y reubicar el análisis, la crítica, las estrategias y la experiencia feministas para encontrar y contestar nuevas condiciones, nuevas tecnologías y nuevas formaciones. La (auto)definición puede ser una propiedad emergente que surge de la práctica y cambia con los movimientos del deseo y la acción. La definición puede ser fluida y afirmativa –-una declaración de estrategias, acciones y metas. Puede crear una solidaridad crucial en la casa de la diferencia –-solidaridad, más que unidad o consenso–-, una solidaridad que es la base para una acción política efectiva.

La ciberfeministas tienen demasiado en juego como para alejarse de las estrategias y acciones políticas duras por miedo a peleas internas, ideologizaciones y diferencias políticas. Si yo prefiriera ser una ciberfeminista que una diosa, quiero saber por qué y estar dispuesta a decirlo.

Una célula ciberfeminista

¿Cómo se podrían organizar las ciberfeministas para trabajar por un ambiente feminista político y cultural en la Red? ¿Cuáles son las diversas áreas de investigación feminista y actividad cibernética que están comenzando a surgir como práctica ciberfeminista? La Primera Internacional Ciberfeminista (IC) de Kassel sirve como ejemplo de la organiz(m)ación feminista en la Red.

La responsabilidad de organizar los días de trabajo de la IC fue tomada por OBN (Old Boys Network) –-un grupo ad hoc de alrededor de seis mujeres–- en consulta en línea con todas las participantes. Debido a las comunicaciones en línea entre las directivas de OBN y las participantes, las relaciones colaborativas de trabajo y el contenido de las reuniones ya estaba establecido para el momento en que las participantes se reunieron cara a cara en Kassel. Un grupo cambiante y diverso de más de treinta mujeres (autoseleccionadas por invitación abierta a las miembras de la lista FACES, con un núcleo de alrededor de diez), participó en la IC.

Desde el primer día, este proceso colaborativo –-una forma recombinante de procesos de grupo feministas, autoorganización anárquica y liderazgo rotativo–- siguió desarrollándose entre mujeres de más de ocho países y de diferentes extracciones económicas, étnicas, profesionales y políticas. Cada día comenzaba con una reunión de las participantes en el Espacio de Trabajo Híbrido para trabajar en diversos grupos de trabajo (texto, prensa, técnicas, fiesta de clausura, etc.) y para organizar el programa público del día. A esto le seguían tres horas de conferencias públicas y presentaciones para audiencias de documentación.

Después, el grupo cerrado se reunía de nuevo para comer y discutir asuntos como la definición del ciberfeminismo, los objetivos del grupo y las acciones y planes futuros. El trabajo se dividía según la inclinación y la experiencia; no había una lista de deberes y no se esperaba que todo el mundo trabajara el mismo número de horas. Los horarios flexibles permitían la convivencia, las acciones impulsivas, las lluvias de ideas y el tiempo privado. Se mantenía electrónicamente una conexión constante con la lista FACES.

Prácticamente todas las actividades de grupo eran grabadas, videograbadas y fotografiadas. Las computadoras personales de las participantes se colocaron en el área abierta de trabajo/reunión y la mayoría de conferencias se acompañaban de imágenes proyectadas de los sitios web de las conferencistas. Una participante enseñó al grupo a establecer conexiones CUSeeMe y siguió participando virtualmente una vez se tuvo que ir7 y dos jóvenes rusas que intentaban incorporarse a la IC en Kassel, enviaban por fax un diario de su viaje ilegal mientras saltaban de país en país intentando evadir problemas de visado. Así, hubo un interesante juego entre la virtualidad y la presencia física. Las interacciones cara a cara fueron mucho más intensas y energizantes que las comunicaciones virtuales y forjaron grados distintos de afinidad entre diversas individuas y subgrupos, mientras que al mismo tiempo hicieron que las diferencias de todo tipo fueran más palpables. Las lluvias de ideas y las acciones espontáneas parecían surgir más rápidamente de las reuniones cara a cara. La oportunidad para las sesiones inmediatas de pregunta-respuesta y la discusión extendida después de las conferencias también permitieron intercambios más íntimos y profundos que los usualmente posibles por medio de las comunicaciones en línea. Pero lo más importante, todas las presentaciones, entrenamientos y discusiones se llevaron a cabo en un contexto de intenso debate sobre el feminismo, lo que produjo una conciencia constante de la relación vivida entre las mujeres y la tecnología.

La amplia variedad de contenidos presentada en las conferencias, proyectos de Internet y talleres tocó muchos de los temas más calientes que les preocupan a las ciberfeministas: teorías de la visibilidad de la diferencia sexual en la Red; auto-representaciones digitales de mujeres en línea como avatares y cuerpos de datos; análisis de representaciones de género, sitios de sexo, cibersexo y pornografía feminista; estrategias de fusión de géneros e hibridismo para combatir los estereotipos, el esencialismo y las representaciones sexistas de las mujeres; el feminismo como “buscador”; los peligros del deseo fetichista de información y la paranoia creada por las nuevas tecnologías; la diseminación del conocimiento sobre las mujeres en la historia; estudios sobre las diferencias entre les programadores y hackers varones y mujeres; modelos feministas de educación tecnológica; asuntos de salud de mujeres conectadas; y la discusión sobre cómo organizar y apoyar la vinculación en red de proyectos feministas en diferentes países8.

Las ganancias principales de las discusiones de la IC fueron la confianza, la amistad, un entendimiento más profundo y tolerancia a las diferencias; la habilidad para mantener discusiones sobre asuntos controversiales y divisorios sin la ruptura del grupo; y la mutua educación sobre asuntos de mujeres inmersas en la tecnología, así como una comprensión más clara del terreno para la intervención ciberfeminista.

Aunque la IC no resultó en una lista formal de objetivos, acciones y planes concretos, llegamos a un acuerdo general en áreas que necesitan trabajo e investigación ulteriores. Una preocupación continua es cómo lograr que el ciberfeminismo sea más visible y efectivo para llegar a diversas poblaciones de mujeres que usan la tecnología. Las opciones discutidas incluyeron crear un motor de búsqueda ciberfeminista que pueda ligar sitios feministas estratégicos; informes país-por-país de actividad en red y ciberorganización para mujeres; formar coaliciones con mujeres tecnólogas, programadoras, científicas y hackers, con el fin de vincular la teoría, el contenido y la práctica feministas en la Red con la investigación e invención tecnológicas; proyectos educativos (para varones y mujeres) en tecnología, programación y diseño de software y hardware que apunten a las construcciones tradicionales de género y a las desviaciones insertadas en la tecnología; y más investigación sobre cómo la continua reestructuración global del trabajo de las mujeres resulta de cambios constantes introducidos por la tecnología de la información.

“El (ciber)feminismo es un buscador a través del cual se ve la vida.”9 Si las feministas desean investigar, teorizar, trabajar prácticamente y hacer visible cómo las mujeres (y otres) en todo el mundo son afectadas por las nuevas tecnologías de la comunicación, la tecnociencia y el dominio capitalista de las redes de comunicación global, deben comenzar por formular claramente los objetivos y las posturas políticas ciberfeministas.

Las ciberfeministas tienen la oportunidad de crear nuevas formulaciones de teoría y práctica feministas que apunten las nuevas y complejas condiciones sociales, culturales y económicas creadas por las tecnologías globales. Los usos estratégicos y políticamente inteligentes pueden facilitar el trabajo de un movimiento transnacional que pretende infiltrar y asaltar las redes de poder y comunicación por medio de proyectos activistas-feministas de solidaridad, educación, libertad, visión y resistencia. Para ser efectivas en la creación de un entorno feminista politizado en la Red, que desafíe sus estructuras actuales de género, raza, edad y clase, las ciberfeministas necesitan aprender de las investigaciones y estrategias de la historia feminista de vanguardia y su crítica del patriarcado institucionalizado. Al afirmar nuevas posibilidades para las mujeres en el ciberespacio, las ciberfeministas deben criticar las construcciones utópicas y míticas en la Red y buscar trabajar con otros grupos cibernéticos de resistencia en coaliciones activistas. Las ciberfeministas necesitan declararse solidarias con las iniciativas transnacionales feministas y poscoloniales y trabajar para usar su acceso a las tecnologías de la comunicación y las redes electrónicas, para apoyar dichas iniciativas.

Bibliografía


  1. Página web de la Matriz VNS: http://sysx.apana.org.au/artists/vns/

  2. Las 100 anti-tesis completas se recogen en un artículo en este mismo dossier. Hemos mantenido el plurilingüismo porque es significativo.

  3. Al omitir la i y agregar una r a girl (chica) y convertirla en grrl, el término juega con la onomatopeya del gruñido, grr, dándole así una connotación de enfado o enojo, de agresividad (nota de la traducción).

  4. Faith Wilding y Critical Art Ensemble, “Notes on the Political Condition of Cyberfeminism”. <http:// mailer.fsu.edu/~sbarnes> [Notas sobre la condición política del ciberfeminismo].

  5. Usar el término “feminismo” es muy distinto de usar el término “mujer”, aunque quizá deberíamos considerar usar el término “cibermujerismo” (cyberwomanism), que reconoce las críticas del feminismo racista blanco justamente hechas por Audre Lorde, Alice Walker y bell hooks, entre otras.

  6. Véanse, por ejemplo, los listados de mil sitios feministas o relacionados con las mujeres en Shana Penn (???).

  7. CUSeeMe: See You, See Me, es decir: “Te veo y me ves”. Es un producto de bajo coste para videoconferencias por internet.

  8. Para más información sobre la Primera Internacional Ciberfeminista y las comunicaciones, véase http://www.icf.de/obn

  9. Alla Mitrofanova, presentación en la Primera Internacional Feminista en Kassel, septiembre de 1997.